Hace más de dos mil noches que no hago esto. Sentarme frente a ti y acariciarte. Que mis dedos te cuenten mis secretos más absurdos, y más humanos. Pensarte. Que me pienses. Escuchar música para tristes, que es lo que siempre fui aunque sepa bienllevarlo. Sonreír amargamente, llorar con agrado. Suspirar. Mirar al infinito que se posa sobre la pared de mi habitación. ¡Qué espectáculo! Cagarme en ti. En tu pretérito. En mi presente, sin tu presencia. Presenciar las últimas gotas de esta indecisa primavera, que no acaba de llegar. Y que nunca se va del todo. Y mientras tanto... Mi almohada me grita que no le caben más sueños, y ha optado por aniquilarlos, para guardar todas mis pesadillas.

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