martes, 19 de agosto de 2014

Y entonces miré al final de la barra. Batallaban el peor de los vacíos contra aquel mar espumoso y bronceado, que luchaba por seguir presente en esa esquina de la calle mayor. 
Y venció el miedo, y la urgencia, ese tipo de urgencia que ahora lo controla todo. Y ese tipo de todo que ahora es sólo un inmediato. Lo que ponía límites a esas cervezas, ese cristal desgastado, con mil millones de huellas que ya ni recordarían haberlas tocado. Poco menos de un culo por un lado y más de la mitad por el otro. 

Prisas por arrasar con todo y con todos y estar a solas, con el fuego y su cuerpo, con su cuerpo, que es fuego. 
Nervios que impidieron que esa cerveza fuera vencida del todo. Y más de muchísimas historias que rondan por mi cabeza imaginando que era lo que envolvía la atmósfera de aquellos dos vasos vacíos, que fueron enteros durante unos minutos. Me gusta pensar que la suma de unos tragos de ese amarillo burbujeante y la pasión que recorría aquellos desconocidos cuerpos formaron el cóctel perfecto para mandarlo todo a la mierda. Venerando y honrando el arcaico <horror vacui>, ese vacío que ocupan, que cada vez es más grande por la proximidad de sus cinturas. Manchándose de culpa. O quizás no. Quizás fueron otras dos circunstancias, que es lo que somos, impacientes por fulminar la incomodidad que les producía estar tan cerca, cuando la rabia estaba presente y el deseo se había marchitado. Tres cuartos de ella, repartidas en dos vasos de medio litro, que quedarían ahí para el resto de los tiempos, porque no supieron resolver las dudas ni los miedos ni el rencor. Por quererse tanto y tan mal. Por descuidarse y descuidarlo todo. Por el abandono hacia los días que ya no están ni volverán. Por esos labios, que ya están muertos y sin regar. 

martes, 12 de agosto de 2014

El día que empezó muy tarde

El día que salí de ti había empezado muy tarde. Desayuné como se desayunan los días que empiezan de esa manera: Una tostada rancia y mucha agua. Después bajé a la playa con P y mantuvimos una etérea conversación sobre la temperatura de los océanos y mares que rodeaban la península. El mar menor es un caldo, de medusas, y no lo quería asumir. Como yo el que ya no estuvieras en mi vida, hasta ese día, que empezó muy tarde.

miércoles, 30 de julio de 2014

Y entonces miré a la pared, y me topé conmigo en cada uno de los papeles que reposan sobre ella.
Me vi. Junto a P, mi mejor amigo, en una de esas interminables colas para ver a cualquiera de nuestros grupos favoritos. Ese es el momento, el de comentar el deseo por los temas que esperamos que suenen, que nos evocan a días pasados en los que disfrutamos como nunca. Y como compañía un par de latas de cerveza y las ganas de sentir de nuevo el latido de esas guitarras. Verano. También huelo en ella el verano. El salitre de nuestras pieles que apenas se han lavado, buscando cualquier sitio para tomarnos, algo y a nosotros. A nosotros, sobre todo. Al contacto de las grietas de tus labios con los míos, a encajar nuestras heridas, húmedas, y aún saladas. A la línea 6 del metro de Madrid, que se cruza con la tres, la amarilla, la de mis madrugadas fugaces. Y se funde con la cuatro, la de mi estado más sólido. Porque aquí he ido de estado a estado, de líquido a sólido y a gaseoso y vuelta a empezar. De piso a piso, de bloque en bloque, con unos vecinos y con otros, pero siempre contigo. A caminar sola en búsqueda de todo menos de mí. Por miedo a encontrarme y a perderme en mi encuentro. Por miedo a la búsqueda que suponen tus manos. Porque he disfrutado de cada uno de los rincones de esta ciudad los domingos de resaca. De pasiones y de ron. Al calendario que he ido pasando. Tapando los errores de febrero con las metas de marzo y lo he vuelto a hacer con abril y con mayo. Ahora llega junio y mi único deseo es volver a colocar esas páginas en blanco, y volver a escribirlas, con cariño y despacio.Los pósters de las películas que he visto, contigo, en el cine de aquí abajo. Y la ropa sucia, del frío imborrable de esta ciudad. Sobre todo las noches que no estoy, ni quiero estarlo.

martes, 29 de julio de 2014

Verano y sus madrugadas


Quiero colarme en tus pulmones
y bailar el Rock'n'Roll de tus costillas
Quiero que respires muy profundo
y te caigas aquí conmigo, y te quedes, olvidando cómo se recuerda el olvido
Quiero hacer un viaje por la costa de tu ombligo
bebiendo ron y riéndome de la guerra de tus ojos
Quiero que vivamos, sin urgencias y muy despacio,
despegándonos de nosotros
solo para salvarnos
del mundo y de sus pecados Capitales
y pueblos y ciudades esperándonos, mi amor.