Dame la llave, y un mapa. Y quítame tu olor.
Arráncame tus miradas, las de reojo en el desayuno y las del incendio en el
salón. Déjame, aquí conmigo, las promesas que no has cumplido. Y las balas, de
veneno, que has lanzado hacia mí estos últimos días. Llévate las sábanas y el
barro que has dejado en mi casa. Cambia la cerradura y píntate de nuevo. Que
conozco tu alma y me sé de memoria todas las entradas, y las salidas.
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